Pensando en volver a Caferótica

Sexo, café y diversión

Sexo, café y diversión

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Café entre dos – pluma invitada: Mariposa Traicionera

Con el año nuevo, iniciamos nuevas dinámicas en Caferotica. Pueden enviar sus relatos para que se publiquen en este espacio. Hoy, iniciamos con la historia de Mariposa Traicionera como nuestra pluma invitada.

 

Maridaje: Bello – Carla Morrison ft. La Sonora Santanera
Todo comenzó con un café en el Sanborns.  El vaivén de las miradas era superado solamente por el coqueteo de tus palabras, una continua invitación a conocerte más, a tenerte más cerca y probar el sabor del café en tus labios. Pareciera que fue ayer que nos conocimos en el hospital y hoy estamos aquí sentados en el sofá de tu departamento tratando de disimular nuestros instintos en medio de una conversación banal sobre las vacaciones, o al menos eso trataba yo.

Las palabras se agotaron, tu boca buscaba la mía con desesperación y tus manos recorrían mi cuerpo con la misma necesidad. Mi corazón palpitaba a toda velocidad y no podía dejar de pensar si lo que estaba haciendo era lo correcto. Después de todo apenas te conocía pero hacerlo con mis manos y boca parecían la mejor forma. Tu barba raspaba mi cuello y cara hasta que de pronto te detuviste para hacerme una nueva invitación, me tomaste de la mano y me llevaste tiernamente hasta tu cama.Antes de recostarme ahí, me quitaste lentamente la chamarra y me besaste en el cuello haciendo una promesa cerca de mi oído, no te arrepentirás.

Recostada sobre tu cama mientras me quitabas la ropa decidí dejar de pensar y sólo dejarme llevar con tus caricias por todo mi cuerpo. Tu boca comenzó a recorrerme desde el cuello hasta los huesos de mi cadera, ahí te detuviste lentamente y retirando un poco mis pantaletas comenzaste a besarme tierna y lentamente hasta que se convirtió en un movimiento desesperado que me hizo llegar a un dulce orgasmo. Entonces te acercaste nuevamente a mi boca y antes de quitarme definitivamente las pantaletas te bajaste los bóxers quedando completamente desnudos uno encima del otro. “Ya no me importa si esto es lo correcto, en este momento sólo puedo desearte dentro de mi con la misma intensidad que tu me deseas.” Y así, mirándome a los ojos y con tu pecho pegado al mío comenzaste a hacerme el amor de la manera más tierna y dulce, nuestras caderas comenzaron a moverse rítmicamente, pareciera que se conocen de siempre y saben donde detenerse para que lo disfrutemos más. Tu mirada llena de gozo y mis gemidos inundando la habitación nos hacían saber cuánta química había entre nosotros, cuanta pasión contenida en tan poco tiempo. No quería pensar, sólo gozarte, sentirte dentro de mi, disfrutar esto el tiempo que dure sin miedos ni límites. Tus brazos envolviendo mi cuerpo por completo y tus caderas moviéndose rápida y salvajemente me llevaron por fin al más ruidoso y delicioso orgasmo que mi cuerpo te pudo dar, tu mirada clavada en mi disfrutando la escena como sí quisieras memorizarla para siempre. Me diste unos segundos para recuperar el aliento y luego me pediste que fuera sobre ti, mi cadera quería complacerte, agradecerte y llevarte al mismo éxtasis que tu me habías llevado, mientras tus manos me recorrían los senos y bajaban hasta mis caderas para acariciarme. Mis manos jugaban a sostenerse de tu pecho, a levantarme lentamente y luego hacerte gemir de placer al recuperar mi lugar. Sin más me tomaste bruscamente y me colocaste nuevamente debajo de ti con las piernas envolviendo tu cuello. Y así con un nuevo movimiento que duró apenas unos minutos llegaste al orgasmo que ahora yo disfrute mirando como sí quisiera guardarlo por siempre.

Tu cara descansando junto a la mía, agotados, aún con el éxtasis en las venas recorriendo a gran velocidad hasta nuestros corazones. Te quedaste sobre mi abrazándome y yo te envolví con mis piernas. Me besaste tiernamente la cara, el cuello y mi boca, yo mientras te acariciaba tiernamente hasta donde me llegaba la mano en tu espalda recordándome no enamorarme de ti.

Y así en un vaivén de caricias nos entregamos nuevamente el uno al otro, parecía que nunca sería suficiente, tenerte dentro de mi nuevamente sin nervios ni anticipación me llevaban a una nueva manera de gozarte. Así me entregue a ti, con toda la pasión que me haces sentir y dándote una vez más un orgasmo envuelto en gritos de placer.  Tus caderas se precipitaron de inmediato y así llegaste a tu segundo orgasmo abrazándome fuertemente.

Después de unos minutos para recuperarnos me encontré nuevamente besando tu cuello y acariciándote de arriba abajo, tus dulces palabras me cuestionaban sobre lo que pensaba, yo sólo podía responder lo mucho que te había disfrutado, no quería pensar más.

Llegó el momento de despedirnos, el tiempo se había pasado demasiado rápido para los dos aunque ninguno quería que terminara. Me pediste que me quedara, tal vez por compromiso, aunque ambos sabíamos que eso no era posible.

Me acompañaste a mi coche y en el camino sonó mi celular, -es mi esposo- te dije, ignoré la llamada y nos miramos fijamente antes de despedirnos con un largo y apasionado beso. -Te quiero volver a ver- dijiste, y yo solo respondí que tal vez. Después de todo no sabemos cuando volverá a salir de viaje tu novia.

Me alejé pensando en la promesa que me hiciste, aún no puedo saber si me arrepiento aunque no creo que importé mucho. De lo que pasó serán testigo solamente las paredes de tu habitación, lo demás será sólo un recuerdo que voy a guardar muy dentro de mí hasta que no recuerde sí ocurrió realmente fue sólo un sueño.

Café y adiós

Maridaje: Let her go (Cover) – Passenger

Los besos se iban quedando sin tu olor a café, las noches iban desapareciendo entre recuerdos de amores anteriores, de amores pasados. No lo estoy haciendo para que no me olvides, sólo quiero quedarme con este recuerdo de un nosotros – dijiste entre algunas caricias que eran parte del ritual. El sabor a tus labios ya no era el mismo que cuando nos conocimos, ni siquiera el mismo que hace algunas horas.

Nos miramos a los ojos, buscando el deseo perdido. Tomabas mi mano sobre la mesa y tratabas de acercarme a tu lado de la mesa. Yo estaba esperando que el servicio en el café trajera tu frappé y mi capuchino. La temperatura en la ciudad había descendido y cuando recibí tu llamada no estaba dispuesto a salir de mi casa. Aunque sea una última vez, dijiste para convencerme, con tu voz entrecortada, quizá por la mala recepción de la compañía celular, quizá por todos esos sentimientos que tratábamos de ocultar.

Nuestros movimientos eran aprendidos, rutinarios. Sabíamos dónde podíamos hacer vibrar al otro, pero parecía más un ensayo de una representación teatral que un encuentro sexual. Las caricias practicadas, los me gustas sin significado, los gemidos artificiales. Cuando nuestros ojos se encontraban, sólo veíamos vacío y olvido. Encontrábamos historias que no nos correspondían, palabras de amor que estaban dirigidas a otros, abrazos que no duraban por la incomodidad de nuestros brazos.

Nuestros besos habían calentado la habitación y poco a poco, el frío de tu frappé se fue evaporando en nuestras bocas. Las humedades de nuestro cuerpo trataban de hacernos olvidar la razón. Intentábamos tomarnos con pasión, con cariño y con desapego a los sentimientos perdidos en una que otra cama que visitábamos cuando no estábamos juntos. Tus piernas intentaban mantenerme sobre ti, mientras que yo seguía los movimientos de tu cadera con ritmo, pero tratando de que nuestras miradas de culpa no se cruzaran.

Nuestros cuerpos jugaban entre rictus de placer y dolor, entre los extremos del te quiero y te olvido; nos encontrábamos entre el nunca voy a dejarte ir y el trataré de no decir tu nombre de nuevo. Fingimos nuestros orgasmos, como fingimos tantas otras cosas, una última vez. Y ahí recostados, esperamos que un abrazo fuera suficiente para no separarnos cuando el Sol llegara.

Por lo menos tratamos, dijiste. Yo pensaba que de tanto jugar a no querernos, dejamos de hacerlo, mientras me ponía la ropa interior y te daba ese beso de despedida que tanto nos hacía falta para dejarnos ir para siempre.

Café entre dudas

Maridaje: Alpines – Cocoon

Los besos se incendiaban en tu boca, los abrazos se hacían más largos, pero ignorábamos el tiempo ante la pasión de la noche. Las almohadas estaban en el piso, olvidadas a ambos lados de la cama. Una ligera sábana era lo único que separaba nuestra desnudez de la intemperie. Prométeme que te vas a quedar, aunque sea sólo esta noche – me dijiste antes de entrar a tu casa.

Tomábamos el café en la acera, sentados, juntos, protegiéndolos del frío de invierno. Te percataste de la diferencia de tamaños entre tu taza y la mía, yo había tenido un día difícil y pedí un expreso doble, tú te decidiste por un capuchino grande, sin canela, porque perdía el sabor a café. Nuestros vasos en medio de nuestros cuerpos, eran la única barrera que impedía continuar con el jugueteo físico en el que queríamos caer.

Tomaste mi cabeza entre tus manos y me miraste, profundamente, curiosa, intrigada por tantos sentimientos, tanta pasión, tantas noches en mi historia. Escalabas mi cuerpo lentamente, metódica. Tus piernas me atrapaban suavemente en un abrazo que no quería dejar de sentir. Tus movimientos nunca se tornaron violentos, simplemente usabas una cadencia constante, rítmica, continúa.

Cuando te sentías cansada te recostabas en mi pecho y nos escuchábamos respirar. Cuando yo estaba sobre ti, abrías los ojos aún más, te adentrabas en los sentimientos; controlabas mi cadera con tus manos, me besabas despacio, suave, profundo, intenso. Me besabas para tranquilizarme, para acelerar mi ritmo, para hacerme saber que estaba a salvo en tu cama, en tus brazos.

La noche pasó muy rápido, lo que quedaba de tu café estaba en la mesa del comedor, frío. Habíamos dormido poco, algunos minutos si acaso. Iba amaneciendo ya y tú seguías recostada sobre mi cuerpo cuando abrí los ojos. Estabas escuchando como respiraba – sentía tu corazón- dijiste al mirarte – alguna vez te quedarás más noches con alguna y verás que también puedes disfrutar sin andar de cama en cama.

Me tomé el resto de capuchino mientras caminaba hacia mi oficina. El frío del café y tus palabras me hicieron pensar en cuanto más podrían durar mis historias de café.

Café en tus besos

Maridaje: Jessica Cornish – Sexy Silk

Contigo sobre mi cuerpo trataba de no perderme. La oscuridad sólo se veía alterada por el gran ventanal y las luces de la ciudad que venían de afuera. Tus manos tomaban mi cabello y lo jalaban hasta que me escuchabas gemir. Trataba de ser yo el que controlara tu cadera, pero tenías tu ritmo, uno al que no me acostumbraba, uno al que no podía alcanzar. Mis intentos de girar se veían limitados cuando arqueabas la espalda hacia atrás y tomabas mis tobillos. Estas contorsiones provocaban dolor y placer en mí y no me quedaba más que seguir tu momentum. 

Las tazas de café se habían amontonado en la mesa. Nos habíamos sentado cerca de la salida, ahí donde ambos pudiésemos escapar si era necesario. Tu vestir conservador confundía a mis sentidos. Con un beso te voy a borrar esa confianza – dijiste ante alguno de mis comentarios provocadores. Creí que mentías, así que continué insinuando posiciones y lugares para ir después de nuestro encuentro en público. Tomaste un sorbo de tu café y te acercaste a mí, rápido, para verter la bebida en mi boca. Sentía la mezcla de sabores entre tu boca, el café cayendo en mi mentón y tu lengua jugueteando con mis labios. El mesero nos interrumpió con la cuenta.

Desperté con tu cuerpo acariciando al mío con una mano, la otra ya estaba trabajando sobre el tuyo. Por el olor, parecía que ya llevabas un tiempo jugando. Te acercabas a mi boca cada vez más sugestiva, cada vez más jadeante. Tus piernas trataban de escalar mi cadera mientras que me dirigías hacia dentro de ti. Llevaste tu mano dentro de mi boca, para que te saboreara, para que sintiera la diferencia entre tu aliento de café y el aroma de tu cuerpo. Volvías a moverte, ahora más despacio.

Tu chaleco y tu camisa quedaron en el piso. Yo me levanté aún confundido por los sabores y olores que aún estaban en mi mente. Conforme buscaba mi ropa en la oscuridad, podía ver el contorno de tu cuerpo desnudo bajo una ligera sábana. Las luces de la ciudad creaban algunas sombras que intensificaban tu figura. Respirabas tranquila, cansada. Si vas a irte, no me despiertes, quiero creer que regresarás – me dijiste antes de dormir la noche anterior. Tomé una taza de café que habías preparado cuando llegamos a tu casa y cerré tu puerta. La ciudad me recibía con un viento que aún me recordaba a ti.

¿Nos veremos mañana? Envié el mensaje de texto y esperé a que me contestaras.