Café gratis en Starbucks

Hoy decidí aprovechar la promoción de Starbucks de café del día gratis y mi mente realizó la, cuasi automática, relación entre la gratuidad del obscuro néctar con una, cuasi asegurada, dotación de sexo por la misma cantidad. Me obligué a tomar una ducha y llevar conmigo los dos artículos imprescindibles para un cazador de cafés: dinero y sueño. Desde ahora admito mi falta de productos Starbucks, como tazas, tarros, etc. A pesar de ello conseguí encontrar un envase decorado con la Sirena, probablemente olvidado por alguna otra Sirena en un arranque nocturno de deseo.

Opté el dejar de lado mis pendientes corporativos por la duración de un café y, debido a la matutina hora, habría que agregar el tiempo del dichoso mañanero. De cualquier manera mi responsable mente me obligó a llevar mi computadora para trabajar, en caso de que la situación estuviese un poco lenta, por decirlo de alguna manera. Casi proféticas fueron mis palabras al encontrar una tienda repleta de personas adictas al café (mal hábito que tiene la gente de obsesionarse por mis placeres). Todas formadas ante el llamado “gratis, hasta las puñaladas”. Por ello decidí posponer mi consumo algunos minutos, después de todo, hay gente que trabaja y tenían que ir a sus labores diarias.

Tras haber escrito algunas palabras en mi documento urgentoide mi cuerpo indicó la falta de combustible así que llevé mi mirada hacia el mostrador. Dejé mis cosas desatendidas, primero era necesario tomar algo para poder proteger mi territorio. Tras varios minutos en la fila pensaba lo inmensamente popular que era esa tienda y cuánta gente tendría demasiada prisa para esperar por un café gratis.

Mis pensamientos me obligaron a observar hacia atrás de la fila, 10 a 20 personas esperaban antes que tu. Unos ojos verdes me recibieron cándidamente, sin observar las reacciones de varios músculos de mi cuerpo. Sin pudor acercaste tu envase de Starbucks al mío, idénticos, destinados a recibir el gratuito placer de la droga, patrocinada por la sirena.

–          No mientas con tus ojos lo que tu boca desea – comentaste rápidamente

Creía que yo era el cazador de la historia, pero parece que la falta de café hace que algunas creaturas decidan acechar. Decidí hacerla pasar por una conocida, tratando de retomar el control, inútilmente ante sus palabras posteriores al atento servicio de la barista:

–          El café lo voy a tomar porque lo necesito, a ti, porque quiero.

Curioso como una fila, una espera y un baño público pueden hacer de un café gratis un encuentro espiritualmente erótico.

Regresé a mi casa a trabajar, tomando un café que me preparé para recordar el sabor de tu pecho y de tus labios, antes de que regresaras a tu Bufete de Abogados.

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