Un ultimo café

Tras de varios momentos incómodos mis labios se apartaron de la taza para decir: “Mi única manera de dormir después de un café nocturno es pasar por el umbral de tu sexualidad”. Tú tomaste tu taza y la bebiste lenta y concienzudamente. Sabías que estábamos en mi casa por la promesa de sexo sin compromisos. A pesar de ello, observábamos el pudor en nuestra moral. Las insinuaciones subían de tono con cada sorbo de café que llenaba nuestro organismo.

Había salido de casa tarde, 1 o 2 de la mañana, ante un llamado que no debí de haber hecho. En contra de todos los instintos decidí verte, por seguridad, en ese nuestro café, abierto las 24 horas, paraíso para buscar historias, sexo y, por supuesto, un buen elixir nocturno para continuar con las labores diarias. Llegaste ahí caminando, con tus pantalones un poco rotos, tu playera suelta y tu cabeza adornada por una cola de caballo que aún recuerdo después de varios siglos.

Probablemente el café hubiese sido suficiente para mantenerme despierto toda la noche, pero también se agregaba tu silueta, envuelta por los varios cigarros que habíamos fumado para expiar la culpa. Tus manos se acercaban a mis muslos sin pudor, pero con reservas, no querríamos romper el encanto de un compromiso ilusorio. La plática era mera sobremesa de nuestros deseos, además, el hecho de dejarnos llevar por el instinto en nuestro lugar de encuentro no era agradable a la vista de ninguno, después de todo, el sexo en público no había sido nuestro fuerte.

El trayecto a  mi casa fue más corto de lo que recordaba, como también más silencioso que de costumbre, ambos sin saber qué decir, por miedo de ofendernos. No podemos contar historias de otros amantes, sería incómodo, mucho menos de lo bien (o mal) que hemos estado, al estar lejos del otro. Por ello nos limitamos a un silencio enmascarado por la música que había seleccionado en mi radio, para que supieras cuanto pensaba en ti.

“Mientras más te miento, más real me vuelvo” – dijiste cuando te acercabas a besarme. La taza de café, preparada especialmente para mi, ya estaba haciendo efecto en mi organismo, o quizá era cómo rozaba tu pierna en mi ingle. Cualquiera que haya sido la razón, decidí olvidar mi olvido y unir mi amor y mi deseo a tus labios, a tu olvido, a tu nueva actitud. Olvidamos la hora, los minutos, los pendientes, para desahogar sentimientos. Era como tomar un dulce de la infancia y recordar, específicamente, los sabores y las texturas.

Como todas las noches, te levantaste, tomaste el café y te fuiste. Me pareció ver en tu espalda que era para siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s