Café y baile

Observaba tu silueta bajo las sabanas translucidas, desgastadas y húmedas. Dormías como si no hubiese habido batalla, cual reina que sabe lo sencillo de su conquista nocturna. Yo continuaba acariciando tu espalda con mi mano derecha y tus muslos con la izquierda. Habían dos tazas abandonadas en la mesa de la cocina, vacías y sucias, el café había surtido efecto, el sol ya se estaba asomando entre mis cortinas.
El Hilvana en Colima, en la Condesa, nos había acercado. La música de una nueva banda, Madame Deluxe, puso mi cuerpo detrás del tuyo. Tu figura alta, atractiva, imponente, dejo a mis manos posarse en un principio en tus hombros y después, al ritmo de una mezcla de jazz y blues, bajaron lentamente hasta tu cintura. Tus manos fueron el perfecto candado, más de una vez en la noche.
Salimos del lugar y con tu acostumbrada honestidad me dijiste:

-No voy a amarte, te voy a dominar, voy a tomar el control de tu cuerpo y de tus deseos.
Mi boca no sabía si besarte o dejarse besar. Las mujeres como tu me intrigan tanto como me excitan y como tu hay muy pocas. Tomaste mi cabeza con la mano derecha para besarme y luego tus dedos de la izquierda abrieron rápidamente mi pantalón. Poco a poco mi ropa cayo en mi recamara, tu aun no  dejabas desvestirte.
Prepare el café especialmente para una noche larga. -Bien cargado, para toda la noche. Dijiste cuando estaba poniendo el molido en la olla, ciertamente lo cumpliste.
Amarraste con mi camisa mis manos a la cabecera, los pies los uniste con los calcetines y, con tus medias, cubriste mis ojos. Lo que vino después fue una explosión de sentidos tu tacto en mi pecho y mis muslos, tu boca en mis pies, subiendo por mis piernas y deteniéndose en mi pubis. Finalmente mi olfato y mis papilas observaron tu dominante posición frente a mí. Seguiste hasta que yo quedé agotado, aún así tu libido te permitió darte la vuelta y continuar con ese movimiento de caderas que sólo había visto cuando bailabas.

Cuando te saciaste te recostaste un rato junto a mí, aún amarrado, indefenso, excitado y con deseos de más. Dormiste un rato, que fue cuando más pude admirar tu figura. Por la mañana, tomaste el último sorbo de café de tu taza y saliste de la recámara, firme, grande, espectacular. ¿Por qué alguien dejaría de desear algo así?

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