Café añejo 1

– Apenas estás tomando tu aroma. Me comentaste cuando traté de besarte una vez más. La experiencia de varios amores frustrados y algunas noches de desilusiones se podían ver en tus ojos. No me imaginaba con la capacidad de romper esa barrera de edad, tu, cercana a los 40 y yo todavía con 20 y tantos, casi un tabú, con Arjona de fondo.

El sólido aroma de la cafetería Village en la calle de Porfirio Díaz indicaba la hora de cierre del local. Estábamos sentados dos de mis compañeros y yo en una mesa, disfrutando de la rutina de limpieza de una cafetera común en muchos restoranes. Este lugar me gusta para relajarme por su cercanía al Parque Hundido y a la tranquilidad de la clientela. Entraste con dos de tus amigas, tan ligera, tan sencilla, no tratabas de imponer moda, ni siquiera de llamar la atención, eso se lo dejabas a la actriz.

Con tu cabello chino cubrías, seductora y misteriosamente, tus ojos. Eso no evitó una mirada que, en retrospectiva, la clasificaría de cazadora. Dudamos sobre hablarnos, sobre acercarnos, incluso evitamos la respuesta a una pregunta sencilla como cuántos años tienes. Sobre todo, buscábamos dejar nuestros preceptos morales de lado, quizá los míos mucho más escasos que los tuyos. Tus amigas ya habían empezado a realizar las actividades posteriores al café con mis amigos, mientras que tu y yo continuábamos buscando razón a cualquier acción que implicara intimidad.

El café se había quedado impregnado en tu chamarra, era un olor sólido, complejo, con vestigios de la costa, o quizá era tu esencia, añeja y completa lo que me llevó a acercarme por segunda vez, sin rechazo.

– No importa cuántos años tengamas, voy a disfrutarte intensamente, batiendo, gozando, como si fueras mi última taza de café del día. Dijiste mientras tu gata negra observaba nuestros cuerpos desnudos.

Tus pechos no daban señales de tu edad, tampoco tu cadera. Quizá tu corazón, atractivo para los menores, estuviese temeroso de una noche perdida de amor, de cariño mal entregado, pero nuestras honestidades establecieron el placer más básico, el sexo sencillo, olvidando los afectos.

Nuestros cuerpos lograron establecer un punto medio ente tu experiencia y mis bríos, entre tus movimientos y mi deseo. Quizá taboo, pero 40 y 20, con un café de cuerpo, es una buena noche.

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