Café de una noche

– No puedo dormir con alguien desconocido en mi cama – dijiste justo cuando me disponía a cerrar los ojos, después del sexo, después de tener tus piernas entre las mías.

– Después de lo que hicimos no puedes decir que no me conoces- traté de justificar mi estadía en tu cama, o en tu sillón, o siquiera en tu casa, lo que me importaba más era no dejar que olvidaras la gran noche que habíamos pasado. Quizá el café que vi en tu alacena fuera, más bien, mundano; pero el sexo podría repetirse.

Iba caminando por Insurgentes, no buscaba algo en particular, era un paseo para relajarme de la rutina y del cansancio del día a día, de una semana sin la oportunidad de tener una buena historia. Cafetísismo creo que se llamaba el lugar, un espacio escondido entre bares y restoranes mucho más atractivos a la vista y al paladar. Debajo de este establecimiento hay un SPA. Hoy decidí alejarme del tradicional expreso, elegí algo comercial, común, un capuchino frappe (claro que con su debida dosis de cafeína agregada en forma de shot). Me senté tranquilo, esperando la bebida cuando te vi, sola con un expreso en la mano, llamado claro para una noche en donde combináramos sabores.

El trayecto hacia tu casa emitía dos ambientes, el de tu inexperiencia en encuentros casuales y el de nuestra adicción por el café. Según lo poco que habíamos platicado en la cafetería, tus pláticas derivaban más en el aburrimiento que en el sexo. Descubrí lo lamentable que era para aquellos con los que sólo platicabas cuando tus piernas se enredaron en mi cintura, siguiendo la cadencia de mi pelvis al buscar entrar un poco más. No gritabas porque no te lo permitías, probablemente era pena de que los vecinos pensaran mal, pero era tal tu ímpetu que no pude contener algunos quejidos que mezclaban placer con más deseo.

-Lamento no tener más experiencia, lamento ser todo lo que tengo que dar – dijiste en el proceso de nuestro primer beso, ya en la sala de tu casa, ambos con una taza de café cerca de nosotros. Probaba tus labios con ese gran sabor matutino que esperaba volver a disfrutar. Una y otra vez tus manos se discutían entré tocar mi entrepierna o guardarse para otra noche, cuando nos hayamos conocido más, usabas como excusa para detener el proceso de llevarnos del sillón a la cama.

En ningún momento olvidé que esta sólo era una noche más, un encuentro casual, con alguien tan experimentada en estas cuestiones como mi entendimiento del amor y la monogamia, es decir: nulo.  A pesar de no poder ignorar ese hecho, no dejaba de sorprenderme por tu poco pudor, por las posiciones que decidías tomar, por haber olvidado los roles tradicionales de hombre y mujer y haber tomado el control absoluto de la situación.  Tus manos empujando mi torso me obligaron a acostarme y tu boca decidió terminar lo que tu entrepierna había iniciado. Siempre he creído que en el sexo nada tiene que ver la experiencia, sólo el deseo y el placer.

.Espero volverte a ver pronto – le comenté con la más firme intención de llamarle al día siguiente para volver al café. Después de haberme levantado de su cama.

-No hace falta, no lo hagas. Fuiste sólo un café, sólo una noche y así quiero recordarte -tomaste las sábanas de tu cama, oliendo a sexo, te tapaste, giraste para darme la espalda y me dejaste salir de tu departamento, para no volverte a ver más.

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