Café tradicional

Maridaje: Trátame suávemente –  

Me gustaría volver a sentir-dijiste lapidariamente mientras colocabas la taza de café sobre la mesa. Nos vimos enDelirio, no la primera vez que iba a ese lugar dispuesto a tener un encuentro sexual, como tampoco era la primera vez en la que nos veíamos para ello. Tus palabras duras, detrás del armazón negro de tus anteojos, me recordaban a una de las primeras veces que nos habíamos visto: tú en la esquina de un bar, tratando de evitar el humo del cigarro – yo en la opuesta, intentando olvidar mi soledad entre un grupo de gente.

Recorrimos pliegue a pliegue el cuerpo de ambos, buscando nuevos lunares, nuevas arrugas, patrones por los que no hubiésemos transitado en encuentros pasados. Nos movíamos cautelosamente, con temor a romper el recién descubierto sentimiento que existe entre pasión, sexo y amor. Viajando entre las tres sensaciones, dejábamos que nuestros cuerpos se acoplaran al vaivén de hormonas, de ritmos y de tempestades, al unísono de nuestros movimientos, tu sentada sobre mí, mientras que yo me movía hacia un extremo de la cama para poder verte directo a los ojos, siempre abiertos, expectantes.

La cafetería estaba a punto de cerrar y ya llevábamos mas de tres cafés en el breve tiempo que nos llevo contarnos de nuestros fracasos amorosos – demasiado ocupada para tener una relación – decías a aquel que buscaba acercarse a tu corazón. Yo – emocionalmente distante – era el común denominador de aquellas que buscaban evitar mis defensas. Me tomaste suavemente la mano para besar el dorso de la misma. Creo que eres el que llena mi soledad – parafraseaste una de las primeras líneas que te dije.

Esa noche no te fuiste de mi cama, terminamos una y otra vez: lento, rápido, salvaje, tierno; jugábamos a perdernos en la noche, en los brazos uno del otro y sólo despertábamos para sentirnos mas acompañados, para asegurarnos que el otro seguía ahí, que la noche no nos engañaba con partidas repentinas, llamadas de la pareja actual o con horarios de llegada. Disfrutamos cada explosión, cada centímetro de piel que nos permitía la energía de los cafés y otros alimentos que usábamos de intermedios para discutir temas profundos como en dónde aprendimos tal o cual posición o con quién, nada de secretos, nada de compromisos.
Me desperté al sentir que tu cuerpo dejaba mi abrazo, estirando tus manos para ponerte los lentes y buscar tu ropa, entre sabanas arrugadas y ropa de cama aun húmeda por la noche. Me besaste, tiernamente, suave, sin prisa – gracias por llenar mi soledad – y después tomaste tu ropa para marcharte a uno de tus múltiples viajes.

Quizá me dejaste un poco mas enamorado de lo que estaba la noche anterior…..ya se pasará.

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