Café de mañana

Maridaje: Without you – Fauxliage

Me desperté una vez más para descubrir un techo desconocido, giré para ver si todavía estabas ahí, historia de una noche más. La sorpresa es que encontré tu espalda, aún descubierta y dejando que el cabello flotara libremente por donde antes habían pasado mis labios. Intenté buscar mi ropa entre el caos que habíamos dejado en la cama y parecía que las paredes aún resonaban con los gemidos y las expresiones de cariño que nos dijimos la noche anterior, probablemente al dejarnos llevar por las pasiones de la carne.

Después de una breve plática sobre el clima, nosotros, nuestros encuentros y nuestras expectativas, no cumplidas, sobre nuestras parejas amorosas, tu rostro tomó una seriedad que no recuerdo haber observado en alguno de nuestros breves encuentros previos – existen dos cosas que no puedes hacer solo – enamorarte y tener sexo. Desde ese momento supe que ambos entendíamos el juego y, en tu cama luchábamos por olvidar nuestro pasado.

Llevábamos algunos meses tratando de salir, pero siempre habían otras personas más importantes, otros corazones más adeptos y otras camas más atractivas. Finalmente encontramos un espacio en donde tú habías decidido dejar de buscar el amor en los brazos de un hombre sentimentalmente inaccesible y yo trataba de curar uno que otro desazón amoroso que me regresó a mi estado de promiscuidad irreverente.

Decidí levantarme a prepararte un café. La noche anterior habíamos empezado nuestra plática en “Aroma, gusto y café” – un local que encontramos después de un rato de dar vueltas cerca de Av. Universidad, tratando de encontrar una alternativa a mis tradicionales lugares de reunión. Pensé que al cambiar de escenarios podría olvidar esos deseos de establecerme y tener una relación que involucrara más sentimiento que el necesario para llenar una cama por una noche. Tú sólo buscabas tratar de olvidar – por eso tienes que ser tú – dijiste sin dejar de mirar tu café, sólo un juego, simplemente una noche y ya después vemos cuánto nos gusta.

Cuando iba hacia la cocina volteaste a verme, como si no hubieses dormido toda la noche. No es necesario que te vayas – me gustaría que me abrazaras, como si nos quisiéramos, como si significáramos algo. Puse de lado la idea de hacerte de desayunar, de prepararnos un café y regresé hacia tu cama, tomando de paso las cobijas en el suelo, para recostarnos ambos en ese colchón que, probablemente, todavía tiene nostalgia de un cuerpo que no es el mío y poner mis brazos entre los tuyos, los cuales no se han olvidado de la textura de los anteriores.

Mientras dormías, tratando de no mencionar el nombre de algún otro mientras yo estaba en tu cama, sintiendo un cariño prestado, me pregunto si tengo estas noches para curar mi vacío o por deseo, si es por despecho o placer. Un techo más, otra cama que no me extraña y otra mañana en donde tengo que salir hacia mi casa, dejando mis sentimientos por habitaciones que no me reconocen y uno que otro pedazo de corazón en las sábanas.

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