Café de desayuno

Maridaje: Blood Orange – Bad Girl

Te vas a perder en mis sábanas así como te pierdes en la noche. Así fue como decidí acercarme a besarte, sin prisa, con un poco de miedo, con un poco de razón y otro tanto de deseo. No quería que vieras cuánto deseaba este momento, ni siquiera tenía que ver con sexo esta noche, eso estaba de más. El simple hecho de tener la posibilidad de besarte era suficiente, pensaba en ese momento, qué bueno que no quedamos en eso.

A momentos habíamos jugado a que nos veíamos seguido, a que salíamos. Coqueteábamos con la idea de ser una pareja, algo aceptado por las normas sociales. A pesar de ello, núnca concretamos nada, ni un beso, ni una noche, a pesar de varias salidas a tomar un café. Quizá estábamos muy interesados por vernos reflejados en el otro – observar cómo nuestro comportamiento y deseo sexual se veía cuando era visto desde los ojos propios. Siempre me pareciste atractiva, pero aquella noche que nos reencontramos, después de casi un año sin vernos, te veías particularmente bella.

Empecé a desvestirme en cuanto te alejaste un poco de mis labios para tomar aire. Tus manos se posaron sobre las mías – ese va a ser mi trabajo, tu preocúpate por el desayuno. Con eso iniciaste a desnudarme, entre caricias, besos y risas. No dejabas que yo te quitara ninguna prenda, lo querías hacer tu, a tu ritmo, a tu manera y con tu experiencia. Mientras tanto yo me sentía en un sueño, te veía rodeada de halos de luz en la espalda mientras iniciabas a quitarte tu blusa, botón por botón.

En cuanto entraste supe que algo había cambiado en ti, te veías más segura de lo que acostumbrabas. Tus pasos eran inexorables. Traías unos jeans azules y una blusa roja, que, gracias a la luz del exterior, dejaba entrever que no tenías sostén debajo de la ropa. Habíamos quedado de encontrarnos en un lugar al que núnca hubiesemos ido antes, así que llegamos al Café del Parque un lugar íntimo, cómodo y con un sabor respetable. Tu llegada había generado el efecto deseado (luego confesaste), asi que no pude pararme a recibirte, en cambio simplemente jalé la silla e iniciamos nuestra retórica plática sobre nuestras relaciones fallidas y lo bien que sería estar juntos tu y yo.

Así pasamos la noche, entre sudores, gemidos, gritos y silencios. Habían momentos en donde tu te quedabas dormida y yo, lentamente bajaba besando tu costado, hasta tus piernas y regresaba lamiendo el centro de tu cuerpo hasta llegar a tu boca. Otras veces, me despertaba el jugueteo de tus manos, primero en mi espalda, luego en el pecho, bajando lentamente hasta que lograbas hacer que pudiésemos seguir con las posturas que querías. Hasta que vimos amanecer no pudimos estar los dos dormidos. Mi boca no se cansaba de ti, tus manos no detenían su paso por mi cuerpo y nuestro deseo no se acababa, a pesar de la cantidad de condones que habíamos usado ya.

Creo que abrimos los ojos al mismo tiempo, para vernos desnudos, sensibles, snetimentales – diría que podríamos estar enamorados, pero afortunadamente para ambos, no sentimos esas cosas cuando tenemos sexo – dijiste, para después recordarme que me tocaba preparar el desayuno. Me levanté a la cocina, sin ropa y con tus palabras aún resonando en mi cabeza.  Te preparé uno de los desayunos que disfrutamos durante las siguientes semanas que nos vimos, pero aún no sé si estuvimos enamorados alguna vez.

Quizá tengas razón y no se llegue al amor en la cama….

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