Un café empezando el año

Maridaje: Aloha from Hell – Walk away

– No importa lo difícil que fue encontrarte esta noche, era de esperarse. Las vísperas de las festividades nunca son los mejores agentes para estos encuentros. Qué bueno que hay gente que no necesita tener la certeza de que el empezar el año con alguna persona amada es necesario para las patrañas suposiciones del amor – yo seguía exhausto, boca abajo sobre el colchón, mientras tu decías ésta y otras frases; mientras esperabas ver el primer amanecer del año por la ventana. La luz de las cortinas sólo me permitía ver el contorno de tu cuerpo, dándome la espalda, esperanzada por un nuevo inicio.

A pesar de haber estructurado la semana para no estar solo en Año Nuevo, las posibilidades en una sociedad mexicana, con valores familiares y cenas obligatorias, hicieron imposible esta labor. Las invitaciones seguían sin ocurrir y, como era de esperarse, los cafés de la Ciudad iban a estar cerrados. Mi única opción era salir de mi zona de confort y acercarme al bullicio del Ángel de la Independencia y ver si, tras el festejo, alguna mujer decidía hacerle segunda a mi intención de no empezar el año solo.

Abrías los ojos pocas veces, lento, tratando de entender en dónde estabas, para observar tu cuarto, el techo, la cama. Al principio no cruzamos las miradas, pero conforme avanzó la noche tú soledad y la mía se fueron juntando en nuestros ojos.  Tras unas horas veía la dilatación de tus pupilas, la emoción en el iris. Como lo estableciste desde el principio – sólo necesitabas a alguien que te hiciera sentir menos sola ahora que tu esposo estaba de viaje. O eso creías – o eso querías creer. Al cerrar la puerta de tu casa, me atrapaste contra la pared y cerraste los ojos. Uniste tu boca a la mía – tus labios no se movían, más bien sólo empujaban mi cabeza una y otra vez hacia atrás. Tus labios parecían no querer abrirse mientras respirabas fuertemente por la nariz. A la vez que presionabas mi cabeza contra la puerta tomabas pedazos de mi cabello y los tirabas con fuerza, tratando de contener la salida de todos esos sentimientos de soledad.

Fue sorpresivo descubrir tu mensaje en mi teléfono cuando ya me había resignado a regresar a casa después del espectáculo en Reforma. Lo más impresionante es que me habías visto salir con una de tus amigas, después de presentármela no dejaste de platicar con tu esposo en toda la noche. Realmente me sentí incómodo en esa reunión, yo sin saber que eras casada y tú buscando que saliera con tu amiga. Tu departamento estaba frío, las paredes vacías, los pocos muebles sin mucho uso, casi nuevos.

Detuve tu beso, despacio, con cariño. Fui a la cocina para preparar un café – soluble – esta vez no pudo haber sido de otra manera. El primer café del año iba a tener que ser Nescafé. Te esperé con dos tazas listas para beber, llevabas más de diez minutos en el baño. Regresaste sin maquillaje y te sentaste muy cerca de mi, aún indecisa. Te abracé y dejé que el café se fuese terminando poco a poco – sorbo a sorbo. Pasaron horas sin que habláramos – mirando hacia el vacío – nada que hacer, nada que decirnos. Cuando terminaste tu bebida giraste para besar mi mejilla. El calor emanado de tus labios se unió a la comisura de los míos e iniciamos un baile que llevó hasta tu habitación, habiendo dejado un rastro de ropa desde la sala hasta la base de la cama.

Le dimos vuelta a tu cama en dirección de las manecillas del reloj, cual si fuésemos nosotros los causantes de que pasara el tiempo y amaneciera un año nuevo. Cuando trataba de detenernos tú continuabas con el juego, en cuanto tú querías parar yo seguía provocándote. No recuerdo en qué momento me quedé dormido.

Finalmente logré acostumbrar mis ojos a la luz que venía de la ventana. Identifiqué tu cuerpo, aún desnudo, tu espalda con algunas marcas de rasguños y una cobija que sólo cubría tus piernas. Seguías reflexionando esperando a que terminara de amanecer. Nunca el sexo es sólo sexo, pero, a veces, ni siquiera estar acompañados nos sirve para no sentirnos tan solos. A pesar de ello me alegra que estuvieras aquí conmigo.  ¿Puedes cerrar cuando te vayas?

Dejé listo un café soluble para que lo tomara en cuanto se levantara y le deseé un feliz año en silencio, mientras cerraba la puerta del departamento y me recibía un nuevo Sol – veamos qué nuevas historias nos da el 2012.

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