Un café pasado

Maridaje: You are a star – Balligomingo

Desperté entre piernas cruzadas, amarradas a mi cintura, como dos garras que nunca me permitirían huir. Al parecer ese fue el leif motiv de la noche, yo tratando de escapar, tu jugando a que me quedara. Amanecimos a la mitad del camino entre tu sala y tu recámara, ni siquiera habíamos alcanzado a llegar cuando me besaste por primera vez en la noche, el primero de pocos besos, pero de gran duración.

Nos quedamos de ver en un café por Eje 6, en un espacio que yo no hubiese reconocido de no haber sido por el logo. Ya había estado en ese lugar, pero muchos años atrás, mucho antes de iniciar con mis encuentros nocturnos. En ese entonces tampoco tenía una relación con el café como la tengo ahora – pero siempre es bueno regresar a lugares conocidos con personas desconocidas, le da un aura distinta al encuentro, como si dos realidades, dos ideas, chocaran y surgieran de ellas una historia nueva. Me parece que esa es la belleza de la Ciudad, me comentaste asertivamente. No sabía si estabas siendo franca al aceptar muchos de mis comentarios o, simplemente, no querías dar a conocer mucho de ti.

La cadencia de nuestras bocas era insegura, impaciente, tensa. Cerrábamos los ojos más por vergüenza que por placer, con movimientos mecanizados, obligados, aprendidos, condicionados por nuestros cuerpos, condicionados por el deseo, que estábamos obligados a sentir ante otro cuerpo cercano. Varias veces nos detuvimos a mirar nuestros rostros, a veces inexpresivos, otras cuestionando la obligación que teníamos de desvestirnos, de que tus caderas se juntaran a mi cuerpo.  Tus manos se posicionaban a veces alejando mi pecho del tuyo, a veces tomando mi cintura y acercándome, y, en medio de toda esa batalla, la madrugada iba avanzando lentamente.

La idea de verte, por primera vez en persona, tras de nuestras pláticas nocturnas por Messenger me acechaba.  Sabía que no tendríamos mucho de que hablar, ya que nos habíamos entregado a platicar en las noches, ambos dudando del amor, ambos esperando que el dolor por nuestros recientes rompimientos románticos fueran aminorados ante las letras que aparecían después de las 11 de la noche, siempre después de esa hora – quizá coincidencia, quizá simplemente porque nuestro horario laboral así lo permitía. No recuerdo de quién fue la idea de encontrarnos, quizá en un café estaría bien, para no tener la presión de la música, el ruido, el alcohol, que generaba un bar. Cómo saber  que ese encuentro marcaría mis adicciones.

Torpemente nos fuimos quitando la ropa, nuestro pulso se aceleraba y realizábamos movimientos cautelosos y estudiados, no queríamos dirigir nuestras miradas al cuerpo del otro, para mantener la farsa. Queríamos liberarnos, aprovechar nuestra falta de compromiso, nuestro recién rompimiento, pero las imágenes de nuestras antiguas parejas invadían el lugar, amenazaban con detener cada caricia. Finalmente logramos unirnos, yo sobre de ti, todo el tiempo, como él lo hacía, como ella lo quería y nos movíamos buscando futuro y nos movíamos esperando regresar el pasado.

Cuando desperté, seguías murmurando palabras de amor, estabas recostada en mi pecho y al abrir los ojos confesaste que esas palabras no eran para mí. Salí de tu casa pensando que esa noche tampoco fue enteramente para ti.

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3 comentarios en “Un café pasado

  1. Me siento embriagada y extasiada por tus narraciones, pude sentir el sabor del café de cada historia, llenaste mis noches solitarias.

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