Café entre pies fríos

Maridaje: What is love – Guts

Subías y bajabas rítmicamente, mientras tu cadera jugaba a acercarse a mi cuerpo. Jugando, sólo jugando susurrabas mientras me provocabas, entre esos besos en la comisura de mis labios y roces inapropiados en mis pantalones. Tu cabello se percibía negro en la oscuridad, fue hasta que me levanté para buscar mis prendas regadas en el suelo que recordé el tono castaño que ya había percibido, hace años en el salón de clase y, algún tiempo después en el café que nos quedamos de ver, una pequeña esquena en la intersección de Avenida Chapultepec y Dr. Lucio. –La felicidad y el vacío han sido tan intensos en mi que lo único que me queda es buscar una salida de ambos- por eso me llamaste a mi, con mi fama, con mis historias, pero sin deseo real, decías.

Los pies estaban fríos, tanto los tuyos como los míos, dentro de las cobijas eran la única parte de nosotros que no se calentaba con la cercanía de los cuerpos. Yo continuaba dudando de los besos, de tus intenciones, de mi misma pasión que me llevó a tomar tu blusa y jalarla hacia mí, logrando romper la barrera de los besos. Tu mano entraba por debajo de mi playera, un tanto obligada, como si fuese una reacción automática. Ambos jugábamos a practicar acciones trilladas que habíamos hecho antes o que habíamos querido intentar. Se Sentía nuestra torpeza, nuestra falta de espontaneidad, pero una vez debajo de las cobijas, cualquier cosa es válida, con el simple motivo de saciar nuestro deseo, o buscar volver a sentir algún sentimiento, por más mínimo que sea.

A pesar de estar en la avenida, el café nos resguardaba en una de sus esquinas. Con tu estilo despreocupado de hablar, una de tus manos en el café y la otra jugando con el celular, parecía que tu interés por mi había desistido. Algunos de los silencios los llenaba con un posible comentario picante, para evaluar tu estado de ánimo – no pudimos hallar muchos temas de conversación comunes – así debe ser – dijiste – cuando sólo el sexo llama, las palabras sobran. Pero aún con tus pies fríos sobre mi espalda y yo entre tus piernas, ambos sabíamos que el calor debería de venir del sentimiento, del cariño, de caricias con intenciones de enamorar, con besos con el deseo de amar, con la unión de cuerpos con las esperanza de complementarse, no sólo de pasar una noche compartiendo sudores.

-Si fueras otro, si yo fuera otra, podríamos hacer el amor, pero contigo siempre será sexo – me diste la espalda y cerraste los ojos para dormir. Nuestros pies fríos se entrelazaron, buscando,  aunque fuera sólo ellos, calentarse esa noche.

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