Café entre besos

Maridaje: Aaron Watson – Lets Lose Some Sleep Tonight

Todos los besos parecen ya saber a alcohol y cigarro. ¿Recuerdas esa época en donde cada beso era de goma de mascar, de lipstick, en donde tratabas de respirar mientras besabas? Quizá por eso regreso a ti. Sé que tus besos saben a otras bocas, pero también saben a café, a deseo, a que, por lo menos por un momento, te importo – Las sábanas trataban de cubrir tu cuerpo, de conocerte un poco menos, diría que era pudor lo que reflejaban tus brazos sobre tu pecho.

Era curioso que cada vez que terminábamos en la cama era tras un rompimiento, una mala experiencia, deseos de darle celos al que estaba en tu lista de novios. De cualquier modo encontrarte y platicar contigo era una buena experiencia, me ayudabas a entender más sobre qué esperabas de los hombres, por qué mi estilo de vida no te asustaba o simplemente nos sentábamos, lado a lado, en cualquier café de la ciudad, en silencio, odiando las etiquetas, esperando a que el otro se tuviera que ir con alguna pareja, reciente, o no tan reciente.

A pesar de haberte besado varias veces, siempre había terreno nuevo que explorar, besos que probar, ideas innovadoras que quisiéramos hacer con alguien más, pero que nos aterraba pedir de frente. Simplemente seguíamos los deseos de nuestro cuerpo, sin miramientos, despersonalizando completamente al otro individuo. Éramos sujetos de prueba para movimientos que luego perfeccionaríamos con alguna otra persona que significara más que sexo, más que sólo un deseo carnal de no pasar la noche solos.

Cuando estaba entre tus piernas habían te quieros regados entre la noche, besos que llevaban cariño, miradas que más que deseo, buscaban unión. Nuestra respiración iba al unísono de nuestros cuerpos, lentamente en aumento y, después del clímax, reduciéndonos a dos entes, tendidos, abrazados. Luego nos dábamos la espalda para dormir un rato y una mano se acercaba al otro para empezar un juego en nuestra piel, que ya conocíamos, señal de que estábamos listos para iniciar de nuevo. Antes de dormir nos desconocíamos y, al despertar, volvíamos a desearnos.

Alguna vez me cansaré de regalar mis besos y tú te cansaras de olvidarte en camas ajenas. Alguna vez me veré en los brazos de un esposo y tú, en la iglesia con alguna mujer. Alguna vez esto será más que sólo sexo. Alguna vez dejaré de decir estas cosas que nunca pasarán. Me besaste y entraste al baño con las sábanas, mientras dejabas que viera tu espalda y el contorno de tu cadera andando, antes de cerrar la puerta y despedirme desde ahí.

 

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