Café ajeno

Maridaje: Love is not enough – Above & Beyond

No quiero jugar hoy a querernos, no quiero jugar a que me abrazas, no quisiera jugar al amor. Tus palabras retumbaban en las paredes de la habitación como si quisieran quedarse ahí por siempre, como si las dijeras para alguien más, que vendría después o que vino antes. Ni siquiera me estabas viendo, con tus brazos amarrados a mi cuerpo y mis manos trazando pequeñas figuras en tu espalda. Es un juego, nada más, pero es uno en el que empiezas creyendo que tienes el control de tus piezas, de las reglas y, al día siguiente, todo cambia y ya estás perdido en los ojos de la otra persona.

Quizá sí flotabas cuando te veía cerca de él, se veían como si los dos estuviesen bailando vals a un ritmo que sólo ustedes conocían. En algún momento recordé como se sentía eso. Cómo es que estar cerca de esa persona te da un calor interno involuntario, una alteración sistémica en nuestras pupilas, una leve alteración en nuestro flujo sanguíneo. Un día, así como así, te volví a ver, llorando, en una banca, sin que te importara la lluvia. Me acerqué, dudoso, temeroso de entrar en el mundo de alguien a quien había llegado a admirar, sin el valor de decirle cuánto significaba para mí. Estuvimos ahí horas, la semana siguiente otras horas más y, eventualmente, cuando pasaron algunas semanas, habíamos llegado a la conclusión racional de que era el momento de ir por un café juntos.

Sentados en una esquina de la Condesa tratábamos de entender por qué te sentías tan sola, por qué el amor no es suficiente para algunos. Buscábamos explicaciones en la literatura, en la psicología, en la semiótica. Hacíamos uso de nuestro cerebro para ocultar nuestro gran defecto: decir que sí a los sentimientos muy rápido. ¿Incomprendidos? A veces. ¿Enamorados? Relativamente pocas.

Lamentablemente esas pequeñas cicatrices parecían permanentes en nuestros corazones. Estoy segura que cuando estemos muertos, podrán ver las marcas que algunas personas dejaron en nosotros – ahí sobre la mesa de autopsias. El café se fue terminando, sorbo a sorbo, cada explicación que encontrábamos y validábamos con la sobre racionalización del amor, hacía que nuestros cuerpos se fueran buscando, acercándose hasta poder saborear la bebida del otro en nuestra propia boca.

Al besarte sentía que no era yo el que lo hacía, era mayor mi preocupación por aquellas cartas en tu cajón, esos recuerdos que me habías contado, ocultabas en tu closet. Esos besos sabían a olvido y a desesperación. Tus manos dentro de mi pantalón estaban frías. Aun cuando buscaban el calor de mi cuerpo, creí que tocaban a alguien más. No espero usarte para olvidar, simplemente no quiero estar sola hoy, simplemente necesito saber que sigo sintiendo algo, que hay alguien a quien le importo realmente. A pesar de tus palabras yo seguía sintiendo cómo tu cadera estaba acostumbrada a su forma, cómo tus brazos esperaban una caricia distinta, cómo tu pecho no reaccionaba a mis provocaciones, cómo tu piel esperaba otra lengua en tu vientre.

Nos movíamos entre sombras de olvido, entre sábanas de recuerdos, entre falsas esperanzas de sabernos acompañados por las noches. Cada gemido de placer parecía fingido, a cada rictus le faltaba llegar al clímax, a ese punto máximo, al que lleva más la mente que los sentidos. Aun cuando tus manos jalaban mi cadera con fuerza, buscando que no saliera de ti, aun cuando tomabas mis labios entre los tuyos mientras ambos terminábamos una y otra vez, había una sensación de abandono entre tus muslos, había un espacio entre los dos que no se llenaba con un cuerpo en tu cama.

El amanecer nos sorprendió con tus piernas enredadas en mi cuerpo, con mis brazos atrapándote en un amarre que se asemejaba mucho a lo que buscábamos sentir. Nuestras miradas se cruzaron lentas, tratando de entender quién era la otra persona con la que estábamos despertando. Pude ver un resquicio de pudor en tu rostro, el cual olvidaste cuando te besé en la mejilla. Respondiste de la misma manera, tierna, directa y luego me susurraste – creo que ya no deberíamos jugar más al amor tú y yo, no quisiera que fueras otra cicatriz más en mi cuerpo.

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