Café entre dudas

Maridaje: Alpines – Cocoon

Los besos se incendiaban en tu boca, los abrazos se hacían más largos, pero ignorábamos el tiempo ante la pasión de la noche. Las almohadas estaban en el piso, olvidadas a ambos lados de la cama. Una ligera sábana era lo único que separaba nuestra desnudez de la intemperie. Prométeme que te vas a quedar, aunque sea sólo esta noche – me dijiste antes de entrar a tu casa.

Tomábamos el café en la acera, sentados, juntos, protegiéndolos del frío de invierno. Te percataste de la diferencia de tamaños entre tu taza y la mía, yo había tenido un día difícil y pedí un expreso doble, tú te decidiste por un capuchino grande, sin canela, porque perdía el sabor a café. Nuestros vasos en medio de nuestros cuerpos, eran la única barrera que impedía continuar con el jugueteo físico en el que queríamos caer.

Tomaste mi cabeza entre tus manos y me miraste, profundamente, curiosa, intrigada por tantos sentimientos, tanta pasión, tantas noches en mi historia. Escalabas mi cuerpo lentamente, metódica. Tus piernas me atrapaban suavemente en un abrazo que no quería dejar de sentir. Tus movimientos nunca se tornaron violentos, simplemente usabas una cadencia constante, rítmica, continúa.

Cuando te sentías cansada te recostabas en mi pecho y nos escuchábamos respirar. Cuando yo estaba sobre ti, abrías los ojos aún más, te adentrabas en los sentimientos; controlabas mi cadera con tus manos, me besabas despacio, suave, profundo, intenso. Me besabas para tranquilizarme, para acelerar mi ritmo, para hacerme saber que estaba a salvo en tu cama, en tus brazos.

La noche pasó muy rápido, lo que quedaba de tu café estaba en la mesa del comedor, frío. Habíamos dormido poco, algunos minutos si acaso. Iba amaneciendo ya y tú seguías recostada sobre mi cuerpo cuando abrí los ojos. Estabas escuchando como respiraba – sentía tu corazón- dijiste al mirarte – alguna vez te quedarás más noches con alguna y verás que también puedes disfrutar sin andar de cama en cama.

Me tomé el resto de capuchino mientras caminaba hacia mi oficina. El frío del café y tus palabras me hicieron pensar en cuanto más podrían durar mis historias de café.

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