Café y adiós

Maridaje: Let her go (Cover) – Passenger

Los besos se iban quedando sin tu olor a café, las noches iban desapareciendo entre recuerdos de amores anteriores, de amores pasados. No lo estoy haciendo para que no me olvides, sólo quiero quedarme con este recuerdo de un nosotros – dijiste entre algunas caricias que eran parte del ritual. El sabor a tus labios ya no era el mismo que cuando nos conocimos, ni siquiera el mismo que hace algunas horas.

Nos miramos a los ojos, buscando el deseo perdido. Tomabas mi mano sobre la mesa y tratabas de acercarme a tu lado de la mesa. Yo estaba esperando que el servicio en el café trajera tu frappé y mi capuchino. La temperatura en la ciudad había descendido y cuando recibí tu llamada no estaba dispuesto a salir de mi casa. Aunque sea una última vez, dijiste para convencerme, con tu voz entrecortada, quizá por la mala recepción de la compañía celular, quizá por todos esos sentimientos que tratábamos de ocultar.

Nuestros movimientos eran aprendidos, rutinarios. Sabíamos dónde podíamos hacer vibrar al otro, pero parecía más un ensayo de una representación teatral que un encuentro sexual. Las caricias practicadas, los me gustas sin significado, los gemidos artificiales. Cuando nuestros ojos se encontraban, sólo veíamos vacío y olvido. Encontrábamos historias que no nos correspondían, palabras de amor que estaban dirigidas a otros, abrazos que no duraban por la incomodidad de nuestros brazos.

Nuestros besos habían calentado la habitación y poco a poco, el frío de tu frappé se fue evaporando en nuestras bocas. Las humedades de nuestro cuerpo trataban de hacernos olvidar la razón. Intentábamos tomarnos con pasión, con cariño y con desapego a los sentimientos perdidos en una que otra cama que visitábamos cuando no estábamos juntos. Tus piernas intentaban mantenerme sobre ti, mientras que yo seguía los movimientos de tu cadera con ritmo, pero tratando de que nuestras miradas de culpa no se cruzaran.

Nuestros cuerpos jugaban entre rictus de placer y dolor, entre los extremos del te quiero y te olvido; nos encontrábamos entre el nunca voy a dejarte ir y el trataré de no decir tu nombre de nuevo. Fingimos nuestros orgasmos, como fingimos tantas otras cosas, una última vez. Y ahí recostados, esperamos que un abrazo fuera suficiente para no separarnos cuando el Sol llegara.

Por lo menos tratamos, dijiste. Yo pensaba que de tanto jugar a no querernos, dejamos de hacerlo, mientras me ponía la ropa interior y te daba ese beso de despedida que tanto nos hacía falta para dejarnos ir para siempre.

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